En esta ocasión los miembros de la expedición veníamos de Bilbao, Canarias y Barcelona. Nos reunimos en Barcelona el sábado 7 para salir con todas las maletas de material y, tras un viaje sin incidentes de la mano de Vueling, nos hospedamos en Dakar la primera noche para salir el domingo a primera hora hacía Richard Toll, una población muy pobre en el norte de Senegal, frontera con Mauritania. Portábamos 13 maletas con todo lo necesario para poder atender a la población local durante una semana… nos anunciaron que nos esperaban unos 2.500 pacientes! Tras 7 horas de viaje, conseguimos llegar y montar la consulta y quirófano para empezar el lunes a tope.

Desde primera hora, la consulta empezó a pasarse por la Doctora Guedel viendo pacientes seleccionados por los médicos locales así como espontáneos y niños de un colegio cercano.

En quirófano, costó como siempre buscar una buena ubicación con la máxima esterilidad posible, pero los locales que nos ayudaron pusieron todo de su parte y conseguimos montar un sistema bastante optimizado. Con lo cual, ya desde el lunes por la mañana pudimos empezar a operar cataratas el Dr Ramón Cobián y el Dr Rodríguez-Ratón y lograr devolver capacidad visual a pacientes que en su mayoría no veían nada de antemano.

El plan era operar 10 cataratas por la mañana y 10 por la tarde pero numerosos inconvenientes como pérdidas de iluminación, sistemas de esterilidad o casos complicados retrasaron algo la marcha. El Dr Mendoza, anestesista, consiguió relajar a los pacientes con anestesia en el ojo pero también con un trato humano excepcional, ayudado por la enfermera Regina. Y entre inconvenientes e ingenio para sortearlos, se consiguieron intervenir 92 casos con éxito!

Especial mención también para la labor de soporte y ánimo de nuestra otra enfermera Nuria.

Todos los esfuerzos por la labor se vieron compensados por la alegría que se veía en los pacientes al día siguiente cuando tras retirar el parche protector, manifestaban su alegría. En muchas ocasiones, era difícil comunicarse porque no hablaban más que algún dialecto local; pero sus expresiones eran suficientemente reveladoras.

Por mi parte, agradecer la oportunidad a la Fundación Elena Barraquer de participar en esta labor solidaria y esperamos que sigan en su incansable trabajo por mejorar la calidad de vida de las personas sin visión en paíes en vías de desarrollo.

Dr. Álvaro Rodriguez-Ratón