Un equipo compuesto por tres oftalmólogos, dos anestesistas, tres enfermeras y tres cooperantes parten de Barcelona rumbo a Angola con un objetivo común, aportar un pequeño grano de arena para la erradicación de la causa mundial más frecuente de ceguera evitable.

Allí el equipo se amplía con el personal perteneciente a Oshen que en esta ocasión esponsorizaba esta expedición, al menos 10 personas se hacen imprescindibles en el trabajo diario. Tenemos una semana por delante en un país lleno de contrastes. Por un lado, Luanda, considerada la capital más cara del mundo, y por otro lado una de las zonas con menos oftalmólogos del mundo… a penas 15 oftalmólogos para atender el año pasado a 44.000 pacientes con problemas de visión, de los cuales casi un tercio tenía cataratas. Aún siendo imposible abarcar la población afectada de cataratas,en esta ocasión fuimos preparados con un equipo doble: dos cirujanos y todo el aparataje doble para poder abarcar mayor población en los 10 días que podíamos ir. Hace 4 meses Fundación Elena Barraquer ya estuvo en Angola, la intención inicial era volver el año siguiente sin embargo la situación que allí se encontró Elena fue tan dramática que se adelantó la expedición y además se planteó operar el doble de pacientes. Y, así fue, operamos 454 cataratas.

No es la primera vez que acompaño a Elena Barraquer en su propósito incansable de erradicar las cataratas en África, sin embargo, las emociones que he vivido esta vez han sido bastante diferentes. La primera impresión que tengo es, que a ninguno de los pacientes allí congregados (y vienen por cientos) le ha visto nunca ningún oftalmólogo, optometrista o técnico oftalmológico, con lo cual una gran cantidad de pacientes no tenían cataratas, enfrentarme a tantísimas personas ciegas, que acuden con sus esperanzas puestas en tí y tener que comunicarles que por desgracia no tienen cataratas, sino que la causa de su ceguera es otra como glaucoma (también muy frecuente en África), cicatrices corneales, leucomas, desprendimientos de retina, tracoma etc. Fue francamente duro para mí. Más de un 50% de los pacientes visitados no tenían cataratas, sino otras patologías que no se pueden solucionar. Esto para mí fue radicalmente diferente a otras expediciones, en las que los pacientes venían diagnosticados de cataratas. La segunda cosa que también me sorprendió fue la gran cantidad de niños que visitamos, y que operamos. Cataratas congénitas y traumáticas, sorprendidos también nos quedamos de lo que colaboraban porque fueron operados con anestesia local y sin sedación cosa que suele ser complicado en niños, sin embargo, su afán de lucha y sus ganas de recuperar la visión hizo que casi todos se portasen muy bien, a pesar de que en alguna ocasión Catalina, una de nuestras cooperantes, tuviese que tumbarse sobre ellos para tranquilizarlos, pero en general todos ellos, los 30 que operamos, fueron muy valientes.

Sólo me queda hablar del equipo tan maravilloso con quien compartí esta experiencia del primero al último. El Dr. Gerardo Valvecchia, siempre alegre, siempre positivo, sin miedo a nada. Cataratas complicadas, francamente complicadas no le achantan lo más mínimo. Recorridos más de 8.000 km junto con su hija Catalina, estudiante de medicina, que vino como cooperante, digna sucesora de su papá. También recorrió esos 8.494 km Susi Brabermoin, enfermera instrumentista con un corazón de oro y una capacidad de trabajo asombrosa, incansable y siempre contenta. Nuestras dos anestesistas: Belén Poyatos, ya en su segunda expedición, paciencia infinita con los niños, y con los no tan niños. El trabajo duro no la asusta. En sus manos no había paciente que se moviese durante la intervención. Y Lourdes Blanco, en su primera experiencia con la Fundación, pero no su primera experiencia en cooperación. Siempre dispuesta a ayudar. Ambas hicieron un tándem perfecto que funcionaba como un reloj suizo, su pelea con el biómetro las trajo de cabeza, pero no las asustó. Nuestras cooperantes: Elena Ostos, enfermera instrumentista que en esta ocasión vino para hacer labores de campo, sobradamente preparada para en otra ocasión hacerse cargo de la instrumentación, siempre estupenda. Y el equipo formado por dos publicistas, Raquel y Esther, llenas de ideas, vitalidad y alegría. Aprendiendo a marchas forzadas portugués, sus explicaciones para el postoperatorio eran clave para que los pacientes operados no tuviesen complicaciones. Tremendo equipo formado por ambas. Raquel ya es veterana, esta es su cuarta expedición. Para Esther la primera y espero que no sea la última, ambas demostraron eficacia, eficiencia y alegría a raudales. Y me dejo para el final a Natalia Mingorance, instrumentista que acompaña a Elena en prácticamente todas las expediciones, siempre al tanto de todo. Sin ella este reto no habría sido posible. Control absoluto de las cosas importantes y de los pequeños detalles que hacen que las cosas fluyan y que cada uno ocupe su lugar. En todo momento entregada a su trabajo y ayudándonos a todas a seguir adelante.

Elena, alma mater de la Fundación. Poco más puedo decir que no haya dicho mil veces,  yo con ella al fin del mundo. Si hay una persona que sea capaz de inspirar esa es ella. No creo en toda mi vida haber conocido a una persona como ella, su bondad es infinita. Aún ahora verla llorar y emocionarse cuando destapa un paciente y consigue ver, me deja sin habla. Llora con ellos de verdadera emoción. Tras cientos de pacientes operados ese sentimiento permanece intacto. Además, su capacidad de trabajo es inagotable. Hay personas que cuando te las cruzas en la vida quieres quedarte para siempre a su lado, esa es Elena, cirujana excepcional con corazón excepcional, alegre y feliz. ¡Ella mueve montañas! Ha levantado esta Fundación junto con Teté Ferreiro. Ella es el motor, siempre pendiente de todo, es absolutamente increíble cómo puede estar a 6.000 km de distancia ayudándonos en cualquier imprevisto, solucionando cualquier problema que surja. Está, aunque no la veas, está en todo y con todos.

Para terminar mención especial a todo el equipo de Oshen. Andrea y Carlos Malet un placer encontrar personas así en el camino, y todo el personal que nos ayudó para hacer posible esta experiencia.

De esta expedición lo que me llevo es encontrar personas en la vida que desearías poder quedarte cerca. Gracias Fundación Elena Barraquer por permitirme participar de nuevo.

Dra. Julia Sempere