Formar parte de la expedición a Dakar con la Fundación Elena Barraquer ha sido una experiencia que, sin duda, me me ha aportado vitalmente mucho más de lo que yo he podido aportarle a ella. Todas y cada una de las personas con las que me he cruzado y he compartido mi tiempo allí me han enseñado algo. Empezando por los pacientes, que han sido un ejemplo de educación, paciencia, abnegación y agradecimiento, siguiendo por todo el equipo de profesionales locales que de manera voluntaria y con una buenísima actitud han dedicado su tiempo a servir de enlace entre los pacientes y el equipo, así como a facilitarnos el trabajo y nuestra estancia en el hospital y en el hotel (agradecimiento especial a Malik y a Jean) y acabando por Sor Regina, paradigma de vocación de servicio a los demás desde una perspectiva responsable, pragmática y disciplinada sin renunciar a la empatía y el cariño.

Mención especial merece el equipo de la Fundación, con Teté y María a la cabeza, que nos han hecho muy fácil todo desde el primer momento y hasta que aterrizamos de vuelta en Barcelona y, por supuesto, todos mis compañeros, a los que agradezco su comprensión y paciencia -en un entorno tan exigente y demandante como el que teníamos- con alguien como yo que no pertenece al ámbito sanitario y de los que he aprendido mucho. A todos ellos les admiro por más cualidades que por su profesionalidad – que está fuera de toda cuestión -: a Belén por su capacidad para hacerme sentir segura en quirófano y arrancarme carcajadas.  A Carla por ser la perfecta compañera “novata” con la que compartir agobios y risas. A Carlos por su frescura, capacidad de ilusionarse y por hacernos reír como nadie. A Joaquín por saber mantenernos en el nivel de tensión adecuada y a la vez generar un entorno de trabajo agradabilísimo.  A Jorge por extrema educación, simpatía y calidez.  A Lucía por su templanza y por insistir en que alargáramos las cenas para conocernos mejor.  A Manena por su valentía y determinación a la hora de embarcarse en este proyecto. A Sidi, por su capacidad para tener siempre una sonrisa en la cara y a Sonia por su buen rollo contagioso y su capacidad para crear equipo.

Esta experiencia me ha demostrado dos cosas que ya intuía: la dignidad, la educación y el agradecimiento no entienden de posición social ni de recursos económicos y todos, independientemente de nuestra formación y alcance, podemos contribuir a que la vida de otros sea algo mejor. Querer es poder.

Alba Olivares

Lo más importante para mi ha sido lo gratificante de la labor. Es una experiencia que te marca. Entran muchos, muchos pacientes a ser operados, pero hay alguno que no olvidaré nunca. Elisabeth una joven alta, altísima con una enfermedad de cartílagos que no sé su nombre y la jovencita de 17 años que llamábamos “la niña” cogerles las manos mientras les pinchaba y tratar de infundirles tranquilidad. La niña sufrió mucho, no sé si le habían explicado el proceso de la anestesia , pinchado un ojo un día y los dos ojos al día siguiente recordaré su carita de dolor .  Joaquín así lo decidió por el bien de ella y todos alabamos su decisión.

Pues el resumen de con qué me quedo es verla en la consulta de Carlos cuando le destaparon los ojos. Podía ver y se le caían unos lagrimones tremendos de emoción y alegría. Creo que todos los que estábamos allí lloramos también de emoción.

Gratificante, por tanto. Pensar que sin ser médico ni enfermera podemos todo el equipo hacer que esa cadena funcione para el lema de la Fundación de ” No más cataratas”

Manena Romero Herrera

Cuando Jorge me dijo  que la Fundación Elena Barraquer contaba con nosotros para una nueva expedición, no lo dude ni un segundo y le dije enseguida que adelante! Ni si quiera sabía todavía ni las fechas, ni el lugar, pero teniendo de referencia nuestra primera expedición, sabía que volvería a ser inolvidable.

La aventura siempre comienza en el aeropuerto, conociendo a las personas que van a formar equipo contigo, y también van a ser familia durante la expedición. Son personas voluntarias que vienen de toda España, y que vienen cargadas de ganas de colaborar y ayudar a la causa.

Claro que se pasan momentos duros, de tensión, de dolor de espalda, de cansancio máximo a todos los niveles, pero en el momento en el que puedes ver las reacciones de las personas operadas, cuando les destapan el ojo y pueden verte… ese momento de alegría, merece el esfuerzo.

Vives momentos inolvidables con las gentes del lugar que van a operarse, su paciencia, su alegría siempre, con tus compañeros, el trabajo en equipo, el apoyo cuando alguien flaquea de fuerzas y aprendes a valorar más lo que tienes cuando regresas a tu día a día.

Sin lugar a duda repetiría.

Sonia de la Fuente Fernández

El 4 de enero un nuevo equipo de la Fundación Elena Barraquer formado por 11 personas de todos los puntos de España nos dirigimos a Dakar. En nuestro equipo hay oftalmólogos, anestesistas, enfermeras y también gente que trabaja en otros sectores, compañías de telefonía móvil, marketing o ya jubiladas. ¿En común? La misma ilusión, mejorar la vida de otras personas en todo lo que podamos. Tenemos 7 días, el primer día montamos el quirófano y organizamos la labor de cada voluntario, después 5 días de quirófano y un último día para recoger y conocer un oasis en Dakar.

Nuestro objetivo: la cirugía de catarata. Cirugía banalizada en nuestro medio y que devuelve la sonrisa e incluso provoca lágrimas de emoción a 5000 km de aquí.

El tiempo medio de esa cirugía en España está en torno a los 5-10 minutos, mientras que en África supera los 15 minutos por la dificultad de los casos y los medios que tenemos a nuestra disposición. 15 minutos que puede ser el tiempo de una buena conversación con un amigo o familiar, el tiempo que disfrutamos de un atardecer o

15 minutos que cambian la vida de personas. Personas como tú y como yo, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, madres, padres, abuelos, hijos e incluso nietos y nietas. Personas que todos sus recuerdos pueden ser voces, olores o el tacto de sí mismos, pero ni una sola imagen desde hace años.

El tiempo es importante, pero paradójicamente, no para ellos. El tiempo les pertenece, quizás es la única posesión que tienen y eso les diferencia de nuestra cultura. No tienen prisa por empezar, no se impacientan por las horas de espera y cuando finalmente se tumban en tus manos una entrega plena. Da igual cuanto dure la cirugía, quien está detrás de esos gorros y máscaras, ni qué es lo que les van a hacer. Al acabar, en ese momento, se giran para ofrecerte una sonrisa relajada mirando a los ojos y un gesto de gratitud que hace que te duela un poco menos la espalda y la mente.

Así uno a uno, persona a persona, vamos operando hasta 350 cirugías. Número que no nos llegamos a imaginar el impacto que tendrá pero que en “nuestros tiempos” de redes sociales es como imaginarnos que a todos nuestros contactos de repente les hayan devuelto la vista. Cada caso es especial, pero en esta expedición ha habido uno que recordaremos con mucho cariño. Es el de una niña de 16 años con cataratas congénitas, de nacimiento, bilaterales. Al destapar los ojos al día siguiente el Dr. Joaquín Fernández ella comenzó a ver y a los pocos segundos a llorar. Para mí ese sería el resumen de este viaje, muchos momentos de dificultades, de esfuerzo, de ilusión y al final una gran sensación de alegría, gratitud y satisfacción.

El último día, cuando todo el trabajo estaba hecho, nos llevaron a conocer un proyecto en uno de los barrios más desfavorecidos de Dakar. Este oasis lo capitanea Sor Regina, leonesa de nacimiento, que coordina un proyecto de desarrollo social desde hace 20 años. Ha creado un centro donde dan formación cultural (alfabetización, nociones básicas de salud, nutrición…) y laboral (costura, hostelería, ebanistería…)  a mujeres que a día de hoy no tienen ninguna opción en su sociedad. Además Sor Regina ha creado una escuela donde nos recibieron con cánticos y bailes decenas de niños. Niños y niñas de mirada curiosa y que nos enseñaron que no necesitamos ningún bien material para ser feliz y que todo el tiempo que no sonries o bailas no cuenta.

Así, tras 7 intensos días volvemos a nuestras vidas con un nuevo gran equipo: Teté, Joaquín, Lucía, Sidi, Carla, Carlos, Belén, Sonia, Magdalena, Alba y un servidor; una nueva visión del mundo y la mirada de 350 personas más viva.

Dr. Jorge Sánchez Cañizal

Para mi haber tenido la oportunidad de ir a Dakar, Senegal, con la fundación ha sigo una experiencia MAGNÍFICA.

Realmente he disfrutado en todos los sentidos, he podido realizar una medicina donde realmente me he sentido realizado, he podido ver la felicidad y el agradecimiento en los pacientes, algo que desgraciadamente muchas veces no he visto en España. He disfrutado con el grupo de personas con los que he coincidido. No podía haber imaginado que una semana de tan duro trabajo haya transcurrido como si hubieran sido unas vacaciones. Lo he pasado demasiado bien, he reído muchísimo y he sido realmente feliz. Muchas gracias tanto a la Fundación como a Qvision por haberme dado esta oportunidad y muchas gracias a todo el grupo que tan bien me ha tratado.

No es fácil que personas que no se conocían, hayan conectado tan bien en tan poco tiempo. Sin duda si tuviera la oportunidad de repetir, REPETIRÉ y sin duda hare la mejor y mayor propaganda que pueda. Muchas gracias por todo

Dr. Carlos Rocha de Lossasa

Donde los conceptos de necesidad, tiempo, prioridad y felicidad, nada tenían que ver a los que tenía antes de la expedición, y es allí, o aquí, donde me doy cuenta de que nada o todo importa. Donde el tener idiomas diferentes no supone una barrera, sino una unión más fuerte y sentida, donde una sonrisa, un apretón de manos o un abrazo alcanzan un nuevo significado. Donde la motivación se convierte en el motor para que un equipo funcione, se coordine, se escuche, se apoye,… Donde a nivel profesional he encontrado el verdadero sentido a mi vocación y la mayor de las recompensas a mi esfuerzo. Donde a nivel personal he descubierto a personas ilusionadas con un proyecto común donde, a pesar del cansancio nuestras caras siempre sonrientes en esas miles de fotos, reflejan algo tan básico como es la alegría.

Belén Sáiz